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27 marzo 2018

La columna de Kairós: Serie Parejas

Las relaciones de pareja suele ser un tema de lo más ahondado e inclusive de lo más común de encontrar dentro de las revistas, libros, así como la web. Sin embargo, por alguna razón en estos momentos, te encuentras leyendo este artículo y yo me encuentro redactando este tipo de notas.

La razón es muy sencilla, a ti y a mí en algún momento de nuestras vidas, nos ha ido “mal” en este ámbito y queremos encontrar alguna respuesta o algo que nos ayude a mejorar nuestra relación de pareja. Y esto es algo muy positivo, el ser humano no nació para estar solo, y es apto para lograr una relación de pareja y es apto para hacer que la vida continúe.

Y este es justamente el primer inconveniente con el que nos encontramos es justamente, que la sociedad en todos los niveles y las tendencias comerciales, nos han venido y hemos comprado la idea, de que no somos aptos para lograr una relación de pareja sana, duradera y amorosa; que se necesitan comprar o adquirir herramientas sofisticadas para poder ser aptos para tener una pareja.

A la par, la industria de igual manera ha generado el miedo colectivo a los principios fundamentales de nuestra existencia, es decir; el compromiso, la responsabilidad y el respeto bajo un telón de estadísticas de infidelidad, divorcio, abandono de hogar, hijos fuera del matrimonio, violencia, inclusive feminicidios por algunas por mencionar…

Con el tiempo y algo de mucha observación, ensayo y error, me he dado cuenta de que las relaciones de pareja no son tan complejas como pudieran parecer, todas las relaciones que han funcionado son aquellas que siguen tan solo 3 principios fundamentales:

Principios de biología, psicología e instinto de supervivencia
Igualdad de rango

Y el equilibrio entre el intercambio

Aunque como condición previa para las relaciones de pareja sanas, se necesitan dos seres humanos con heridas emocionales sanadas. Ya que por lo general, la pareja es el espejo perfecto de lo que hay emocionalmente e inconscientemente en cada uno de nosotros, y desde la perspectiva de Bert Hellinger; la pareja solo nos muestra los asuntos pendientes en los que nos hemos enredado en la historia de nuestros ancestros, de ahí tantas repeticiones en las familias que pasan de generación en generación.

En esta entrega, quiero hacer hincapié en esta última parte, las parejas sanas, estables, duraderas, amorosas, tienen como condición previa a:

un hombre adulto y una mujer adulta

Como dice Bert Hellinger en el libro de Felicidad Dual:

La hija de mamá se casa con el hijo de papá.

El asunto es que si esta condición no se cumple, desde la construcción de la pareja está destinada al fracaso. Y es que, en la vida cotidiana, se escucha con frecuencia el término “patán” o “la facilona”, ¿Quiénes son estos dos personajes? El patán, es un hombre físicamente, pero con madurez pobre emocionalmente, pues desde la infancia no pudo tomar la energía y la sabiduría de papá, son aquellos niños que en el colegio los encontramos rodeados de niñas más rudas que él, que lo protegen de toda amenaza. Estos niños al no tener acceso a papá por muchas situaciones; se quedan dentro de la esfera de mamá, y con mamá aprenden a no tener límites, pues a mamá le prometen portarse bien para no recibir un castigo, cosa que jamás cumplen. Y esta es justa la conducta que llevan estos “hijos de mamá” en la vida adulta, a la hora de tener una relación de pareja, a las mujeres prometen, endulzan el oído y crean expectativas que jamás podrán cumplir a menos que decida cambiar y madurar (para eso están las terapias psicológicas).

¿Quienes son las chicas que se encuentran con este tipo de “patanes”? ¡Claro! Las hijas de papá.

Las hijas de papá son fáciles de distinguir desde temprana edad, son las típicas niñas (y chicas) rodeadas de niños en la escuela, no suelen jugar juegos para niñas como las muñecas o  la comidita, prefieren juegos de niños. Son chicas autosuficientes, tan autosuficientes que no encuentran un hombre que las alcance. Son mamás luchonas (que por cierto están de moda). Son aquellas mujeres que si bien o no tienen un aspecto físico más masculino, el vestir o el caminar lo son. Muchas veces llega a tal grado esta situación que hormonalmente hay un cambio también.

¿Se te hace familiar estas dos historias de hijos de mamá e hijas de papá?

En nuestra siguientes entregas comentaremos:

– ¿Cómo dejo de ser hijo de mamá o hija de papá para convertirme en hijo de papá o hija de mamá? Principios de biología, psicología e instinto de supervivencia

– Igualdad de rango

– El equilibrio entre el intercambio

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